Esculturas
MANIFIESTO El arte es una forma especial de comunicación con el mundo. En el mejor de los casos, un entendimiento, un acuerdo. Una forma de comprensión. Todo lo que alcanza a los sentidos, lo que es registrado como intensidad, posee su propio equivalente emocional, su entidad, y así presupone la posibilidad de ser transformado en algo tan tangible, real y excitante como el arte. Su curiosidad lo engloba todo, no deja nada al margen, nada le es indiferente. Teniendo en cuenta las ilimitadas posibilidades que posee, su carácter impredecible y su fuerza, la pasión que utiliza para el reconocimiento, la aceptación y el cambio, podemos decir que pertenece a la categoría de las profesiones privilegiadas. En consecuencia, el riesgo constituye un reto mayor y la responsabilidad es, también, más grande. En su universo, las emociones se dan de una forma primigenia, existencial. Tal como las cosas van en la actualidad parece imposible no hablar de inquietud, ansiedad y desgracia; orden, disciplina y convenciones; del mágico mecanismo de la ofrenda; del instinto y lo inconsciente; del descubrimiento; de lo imprevisible e inesperado; del origen del sinsentido y de lo sublime; de la farsa y la indiferencia; de la incapacidad y el valor; de la pasión, el miedo y del acto de morir; del color, el perfume y la luz; de lo desechable, lo irritable, lo ordinario... Mi obra, a partes iguales e inevitablemente, confía en lo que es llamado tradición a pesar del tiempo y del origen y, naturalmente, en el mundo que me rodea. Tiene una deuda con la condición estresada y nerviosa en que el mundo vive actualmente, de donde los impulsos salen en tropel. A ella está dedicada.