Acostumbrados
Viaje al Más Allá. Buenos Aires, 2000-2007. La casualidad hizo que llegara a Buenos Aires en Octubre de 2000. La ciudad que había idealizado desde la distancia, que había leído y tantas veces me habían contado aparecía como un lugar gris, casi inhóspito que poco o nada tenía que ver con la idea que me había hecho. Aún hoy ignoro qué era aquello que me hacía sentir así, algo confundido y lleno de ansiedad, como si yo no fuese un mero espectador y la densidad, tensión y tristeza que se respiraba en el aire no me fueran ajenas. En un arrebato casi instintivo, me di cuenta que la única manera, no de poder entender, sino de asimilar todo ello era fotografiando lo que tenía delante, de manera impulsiva, como en un acto vital que aspiraba a catalogar aquello que viví en los escasos diez días que pasé allí. Tan sólo quería poder volver a Londres, donde entonces vivía, y ver mis fotos con tranquilidad, meditar sobre todo aquello que no sabía bien cómo abordar. Observar en la distancia aquello que, de manera vertiginosa, había sucedido a través del mundo invertido que aparece cada vez que miro por mi Rolleiflex. Mi regreso me produjo una doble sensación de satisfacción plena por haber logrado estupendas imágenes y de desasosiego por darme cuenta de que esas fotos eran el comienzo de algo inacabado y, sin quererlo, me había metido en un proyecto que me ocuparía gran parte de los próximos años. Por aquel entonces, Argentina se desmoronaba y era la eterna aspirante al primer mundo de la Europa comunitaria y los todopoderosos Estados Unidos. Idealizados paraísos que el país tuvo al alcance de la mano, o así quiso creerlo, durante los años del menemismo y la convertibilidad que equiparaba el peso al dólar –mis libras esterlinas apenas ganaban la batalla monetaria– y que hacían de Buenos Aires una de las ciudades más caras del mundo. Atrás habían quedado Evita y Perón, el lopezreguismo, la dictadura de los Videla y Galtieri, los años de transición e hiperinflación, del plan austral y la vida en el abismo permanente. Éstos habían sido reemplazados por los felices años 90 de las vacaciones en Miami, Punta del Este y Europa, de la pizza con champán. Seguro que recuerdan al país de: “¡Síganme, no los voy a defraudar!” Precisamente el crecimiento incontrolado del endeudamiento, la endémica corrupción y la insostenibilidad de una ficción que muchos argentinos se habían empecinado en creer, fue lo que llevo a la debacle de diciembre de 2001: La caída del gobierno de De la Rúa y “el argentinazo”, durante el cual el colapso del sistema financiero llevó a la ruina a gran parte de la tan celebrada clase media y hundió en la miseria a gran parte de la gente del país. “Acostumbrados” es un trabajo que trata precisamente de indagar en la idiosincrasia de uno de los países con gran potencial humano y de mayor riqueza natural del mundo y en el que, sin embargo, cada pocos años, como si fuera un herpes que regresa, todo parece hundirse en el abismo. “Este es el país corcho –decía alguien– lo hundís una y otra vez y siempre sale a flote”. En diciembre de 2001 eso era difícil de creer y sin embargo uno, conocedor de la historia, no sabía si abandonarse al escepticismo o abonarse a la esperanza. Sociedad moderna y desarrollada, corrupta y machista, sofisticada y educada, llena de mitos y supersticiones, de culto al cuerpo y de mucho colesterol, la Argentina, hoy como ayer, es el resultado de sus propias contradicciones. Mirando a su capital, a sus gentes y sus mitos, me propuse indagar en las peculiaridades, en su carácter e idiosincrasia como nación y, de alguna manera, y siempre sin querer entrar en generalizaciones, tratar de ver si éstos eran extrapolables al conjunto del país. Allí, en Buenos Aires, viven casi trece millones de personas, la tercera parte de la población del país. Capital Federal y cono urbano, dos caras de una misma realidad. Mil y un mundos diferentes, con otras tantas realidades desperdigadas por una superficie urbana de dimensiones inabarcables. Éste es un diario visual de los innumerables trayectos y viajes que durante casi doce meses, repartidos en un intervalo de otros cinco años, he realizado por la ciudad. Volver a Buenos Aires siempre desconcierta, uno no sabe muy bien por dónde empezar. Dice Tomas Eloy Martínez que Buenos Aires es la única ciudad en la que se puede ver con claridad lo que un día fue y que en nada se parece a aquello que ha sido. Y es que a cada viaje tiene uno la sensación de encontrarse un panorama diferente, de estar ante una realidad que muta continua y vertiginosamente, de que todo empieza de cero. En cierta medida, Acostumbrados es un trabajo que se sirvió del libro "Réquiem por un país perdido", del reconocido escritor argentino. Lo encontré por causalidad en mi segundo viaje a Buenos Aires, mientras husmeaba en una librería del porteño barrio de Recoleta, y me sirvió de referencia para dar sentido a un proyecto que hasta el momento se me antojaba imposible de estructurar coherentemente. En Buenos Aires siempre se hablaba de la gran división que existía entre la Capital y el gran Buenos Aires. El cono urbano que queda pasando la autopista orbital que se conoce como la General Paz. División que venía a simbolizar la diferencia entre esa capital casi europea, sofisticada y cosmopolita, que es de sobra conocida, y una periferia de enormes dimensiones –el “más allá”– donde se escondía la identidad latinoamericana de la Argentina. Identidad que tanto tiempo, no sólo el mundo entero, sino los propios porteños y la mayoría de los argentinos desconocían o se empeñaron en ignorar. Poco queda hoy de esa ilusión. Treinta minutos de trayecto en colectivo son suficientes para viajar desde esa ciudad mítica a las profundidades del mayor subdesarrollo que hoy se encuentra en Latinoamérica. Liniers, La Boca, Ciudad Oculta, en Mataderos, o el Bajo Flores se han convertido en lugares donde la degradación, la violencia y la miseria alcanza cotas formidables. Pero quizás sea al aventurarse en lugares inhóspitos del gran Buenos Aires, en territorios más propios del realismo mágico novelado, en lugares como Ciudad Evita o Laferrere, en La Matanza, Avellaneda o Dock Sud donde se obtiene una idea muy clara de lo que allí sucede. Realidad que contrasta enormemente con los barrios afluentes de Recoleta, Barrio Norte o Belgrano, en la capital, o los menos conocidos por el turista, pero no por ello menos privilegiados, de Olivos, San Isidro, La Lucila o los “countries” del Gran Buenos Aires, accesibles sólo para la vieja “aristocracia” y los nuevos ricos que generó el menemismo y la debacle de 2001. Las fotos que aquí se muestran son un intento de dar sentido a lo que, sin duda, ha sido una experiencia fascinante y, muy probablemente, el desafío más importante al que como fotógrafo y periodista tuve la osadía de enfrentarme. Iñigo Bujedo Aguirre Barcelona, Agosto 2007 Reseñas: "El fotógrafo Iñigo Bujedo llegó a Buenos Aires en el año 200 y desde ese momento ha tratado de asimilar la vida de una ciudad que, por aquel entonces se desmoronaba a causa del crecimiento incontrolado del endeudamiento, la endémica corrupción y la convertibilidad que equiparaba el peso al dólar y que hacía vivir a muchos argentinos en una ficción insostenible. La caída del gobierno De la Rúa y el colapso del sistema financiero llevaron a la ruina a gran parte de la clase media y hundieron en la miseria a muchos argentinos. La exposición, abierta hasta finales de julio de 2008, trata precisamente de indagar en la idiosincrasia de unos de los países con gran potencial humano y de mayor riqueza natural del mundo y en el que, sin embargo, cada pocos años, todo parece hundirse en el abismo. Bujedo observa las gentes y los mitos de Buenos Aires, indaga en sus peculiaridades, en su carácter como nación a través de este diario visual de los innumerables trayectos y viajes que durante casi doce meses, repartidos en un intervalo de cinco años, ha realizado por la ciudad." ON diseño 293. Julio 2008 - ”La casualitat va fer que arrivés a Buenos Aires l'octubre de 2000. La ciutat que havia idealitzat des de la distància”, EXPLICA EL FOTÒGRAF Iñigo Bujedo. Aquest és el punt de partida de la mostra que es pot veure a la galeria H2O L'Agenda de L'INDEPENDENT de Gràcia, 31 de Juliol de 2008 "Acostumbrados. Iñigo Bujedo Aguirre. Fins al 31 de juliol. Entre escepticisme i l'esperança, així descriu la seva visió d'Argentina aquest documentalista basc especialitzat en arquitectura i urbanisme. Un diari fotogràfic que recull l'experiència desconcertant de set anys de viatges a aquest país ple de contradiccions." J.H. TIME OUT, 27– 3 de juliol 2008