Joyas de Imma Jansana
He salido muchas veces a pasear por el campo con Imma Jansana. A campo abierto o por aquel otro que sirve de zócalo a los descarnados bordes de las ciudades industriales modernas.También hemos recorrido jardines, como los del Generalife granadino, y nos hemos demorado en el dolorido pavimento de Venecia, en los serios claustros castellanos. Pero para lo que aquí vamos, es mejor acompañarla por los desmontes, por los descampados, por los desequilibrios entre naturaleza y técnica.Yo camino y contemplo ; ella circula y calibra. Sus ojos tocan , aquilatan, ensamblan; sus pasos completan un circuito que ella fija desde el comienzo recordando otros míticos, y sopesando qué añadir de nuevo . Ese circuito, únicamente suyo durante el recorrido, está salpicado de accidentes que te señala sobre el terreno: la grava del pavimento desmigándose entre la hierba seca; esa misma hierba más alta, combada hacia la tierra y recibiendo sólo luz en un tramo;unas juntas de goma negra o unos trozos tubulares de cristal intactos al pié de una higuera reventada contra el suelo que enarca sus ramas demasiado pesadas; las vides de enero custodiadas por la alambrada de sus propios sarmientos.Todo lo que la ciudad escupe fuera de sí y queda depositado ignominiosamente sobre el campo ella lo retoma pacientemente, sin escándalo roussoniano, sin menoscabo de su talante definitivamente inocente.Imma se asombra de cada descubrimiento y ése pasmo nos lo devuelve, ya terminado el quehacer de reinserción formal, en grado de luminosa atmósfera, porque sus joyas comparten con su trabajo de reestructuración topografica del entorno un aire límpido, hiperoxigenado: no brillan sus metales, sino el aire que los embebe y los vuelve preciosos: la memoria. Pero su mirada es moderna, de una honradez que le libra de los encantos del paisaje, de las tentaciones del efecto general; más preocupada por el funcionamiento de las esclusas que por el cantar de los riachuelos. Si hay algo que distingue el trabajo de un diseñador de joyas contemporáneo de un orfebre es precisamente eso: no es el resultado de la contemplación estática, sino la decisión urgente de tomar medidas: ¿de desescombrado? Que esa operación se realice sobre el cuerpo o sobre la superficie de la tierra asaltada es posible sólo si tratamos con personas cuya especialización profesional aguda les permite o les condena a un lenguaje sintético .No hay tiempo para impulsos ornamentales; el estilo es el enemigo de las soluciones. Los propios materiales utilizados, rescatados en la misma boca del infierno, en la linea de demarcación entre el mundo antiguo y el moderno,arrancados a la destrucción total, pringosos aún, arañados , están en un verdadero apuro. Imma Jansanna ha nacido en el siglo pasado y algo sabe de ruinas modernas. Sus jardines y sus joyas se benefician por igual de la lentitud de sus impresiones y de la velocidad de sus soluciones. No hay más que echar una ojeada a la lista de "metales", a la decripción de los encuentros. Collar de juntas de goma y tronco de palmera datilífera. Pulsera de hilo de cobre tejido y rematado con un cierre de plata. Collar de cinta de cobre cortado con láser, plegado y grabado con ácido; la mordedura ha sido rellenada con laca japonesa. Collar de cinta métrica china. Botones de nácar de los años 40 de la colección de "Gash&Ferrer" ensartados en alambre forrado de plástico (hilo telefónico) para hacer un collar. Brazalete en forma de cesta tejido con cable eléctrico. Collar de fibra de palmera marroquí barnizado con cola, engarzado sobre hilo de nylon con tankas de caucho. Tubos de cristal negro opaco engarzados con hilo de alpaca.Collar de circuito doble formado por una espiral de alambre con cuentas en cuyo interior se mece un gusano de perlas, sin cierre ni ensamblaje. Confronto las imágenes de sus joyas y de sus arquitecturas. Las cintas de cobre azulado surcan la piel y se superponen como las gradas de un teatro romano. La geometría de espirales reorganiza la topografía sin eludir los accidentes: aquí un lóbulo, allí un árbol; aquí una clavícula, allí una cancela; aquí un hoyuelo, allí un pozo. Laberintos para el ojo, señales de atención carnal, canalización de los deseos. Esclusas y excusas. Pasadizos de piedra y cuentas de cuarzo rosa. Trama vegetal y secretos del cobre. Imma Jansana no manipula desechos hasta convertirlos en joyas; no cuadraría con sus apasionadas "visitas de obra", con su empeño por estudiar las posibilidades espirituales de la demolición. Su deber, y a la vista de sus joyas y jardines no me atrevería a llamarlo de otra manera, es acortar la distancia que va entre un "arte final" y un "arte sentimental". Su deber consiste en vislumbrar el corazón radiante de lo opaco; sacarle lustre al dolor. María Vela Zanetti