El ojo de la cerradura
Habíamos celebrado ya dos exposiciones con las colecciones de joyas de Paloma Canivet y entablado una buena amistad, cuando nos propuso compartir el espacio de su nueva reflexión plástica alrededor del tema de la cerradura con su compañero de estudio y buen amigo Jaime Gorospe, con el que compartía también una afinidad de gustos ligados a los planteamientos de las vanguardias históricas y que realizaba para ella sus innovadoras imágenes de comunicación. Las fotografías de Gorospe eran fuertes e impactantes por el rigor del momento de la renovación de principios del siglo XX pasado por el tamiz de varias décadas. Las copias fotográficas se mostraban en un novedoso soporte de láminas de aluminio sin marco ni vidrio sobre la pared blanca y resaltaban el impacto de sus juegos de negro —llaves y cerraduras en contraluz dramático sobre láminas de metacrilato iluminado—. La amistad con Canivet implementaba una ya de por sí natural complicidad de las formas entre dos autores jóvenes con un sólido background. Las joyas de Paloma resaltan en este marco, tan familiar para ella, y «buscan incrustarse en la idea de la llave como artilugio personal y a veces intransferible por los secretos que puede guardar, la forma de sus engranajes y la precisión con que se encastra a su otra mitad, la cerradura, la complementariedad. Tal planteamiento teórico invita a la artista madrileña a plantear sus creaciones dentro del movimiento y el misterio de las formas, el erotismo y la conjunción de contrarios. Puertas que se abren y se cierran, llaves que hacen imaginar cerraduras extrañas e insólitas y anillos giratorios, todos elaborados con la precisión del oficio, se materializan en metales rugosos, el contraste del negro, el oro y la plata: en definitiva, el aspecto cinético muestra su lado más sugerente en esta exposición. (…) El proceso mental por el que discurren las pequeñas esculturas de Canivet es la captación de una imagen, tanto del mundo de la naturaleza como del entorno creado por el ser humano en todo su avatar, mediante juego de asociaciones, el tintineo, la luz a través, el corazón y sus juegos, “que dejan entrar y salir los sentimientos”, sin clichés pero con la etiqueta negra del buen gusto.»1
1 Molina, Angela. "Los jeroglíficos de Uli Marchsteiner". ABC Cataluña (Barcelona), 9 abril, 1995, p. XI.