Exposition

Kagami

Galeria H2O · Barcelona · 3 juin 2010 · Passés

Kagami: la ciudad duplicada. Cuando un artista escoge un tema como eje central de su trabajo está haciendo una declaración de intenciones que nos habla de lo que quiere conseguir, o como mínimo del camino que ha escogido para poder hacerlo. Japón es uno de los elementos que definen el trabajo de César Ordóñez, pero no el único. También tendríamos que hablar de la voluntad de capturar con la cámara fotográfica determinados instantes de la vida de una ciudad y de sus habitantes. He utilizado la palabra “determinados” deliberadamente; la elección de una cara del poliedro que constituye una ciudad nos indica donde podemos situar al observador. Lo que busca César Ordóñez en Japón -y se refleja en las imágenes que produce- no es el exotismo oriental que persiguen los románticos del diecinueve, ni ciertamente el reflejo de una sociedad supertecnológica que deslumbra a determinados “geeks” de pacotilla. Es más sencillo que todo eso, persigue distanciarse, alejarse. Si la Luna estuviese habitada probablemente ya estaría allí. Toda esta distancia kilométrica le permite una mirada inocente que en casa le costaría encontrar, es decir, una mirada sin perjuicios. La primera persona de quien se quiere alejar Ordóñez es de él mismo, para reconstruirse de nuevo en Japón, donde su identidad, libre de ataduras, puede observar como las cosas que le rodean le influyen. Algunas de las imágenes más interesantes del actual proyecto de César Ordóñez, Kagami, están captadas en callejones secundarios y poco frecuentados de la ciudad de Tokio. En estas imágenes a veces se puede ver el suelo húmedo –como si estuviese acabado de regar o justo después de haber llovido– y un cierto caos de palos coronados por hilos eléctricos o telefónicos. Los habitantes de la ciudad son únicamente sombras huidizas, lejanas, o –muy a menudo– están ausentes. La perspectiva clásica europea hace que el espectador dirija su atención a un punto determinado, a un objeto, a un personaje, que el artista ha escogido como centro de su universo particular. César Ordóñez –nuestro Marco Polo particular–, en la línea oriental de no condicionar la mirada del espectador, describe las ciudades dirigiéndose a cada espectador individualmente, como si cada uno de nosotros fuese el destinatario de un mensaje único que tenemos que descifrar, como si cada uno de nosotros tuviese la capacidad de crear una perspectiva única. Así, el Kublai Khan que habita en nuestro interior interpreta lo que ve y saca conclusiones. Puede que no sean conclusiones que nos hagan cambiar el rumbo de nuestra vida, pero como mínimo nos hacen reflexionar unos minutos. Hace más de 20 años que César Ordóñez empezó a mostrar en público los trabajos realizados con voluntad artística. El año 1999 con la serie de retratos titulada "Japoneses", que se pudo ver en el CCCB, podríamos decir que inicia una línea de trabajo con la que gradualmente ha ido profundizando, y que se consolida con Harajuku Flava del año 2007. En este periodo su obra ha evolucionado desde un naturalismo más cercano al fotoperiodismo al uso, hacia la simplicidad formal que implica no tener miedo de realizar fotografías con un cierto componente voluntariamente artificial, manteniendo como una constante un punto escenográfico que nos hace cuestionar lo que vemos y lo que no vemos, permitiéndonos intuir lo que pasa justo fuera del encuadre que el artista ha decidido mostrarnos. Un paradigma de esto es la serie Ashimoto realizada entre 2007 y 2009, donde podemos ver fotografías de pies de mujeres, realizadas con voluntad de imagen robada, que sugieren mucho más de lo que muestran. Finalmente el paisaje, que siempre había estado presente en su trabajo, gana peso y desplaza a la figura humana. De forma que las personas que habitan los lugares fotografiados –ausentes en las imágenes– se hacen presentes en los objetos con los que amueblan las calles de sus ciudades: una señal de tráfico, una bicicleta, una escalera, una sala sin cortinajes –el fatigoso invento europeo– que nos permite ver como se vive y como se trabaja en aquella parte de la calle. Tanto en Japoneses como en series posteriores, especialmente Ashimoto, el artista utiliza el reportaje documental como elemento para articular la narración, la construcción del significado de su trabajo, obteniendo una uniformidad estética que determina la percepción de cada una de las piezas reforzando el conjunto final. En Kagami, César Ordóñez sube un escalón seleccionando piezas que tienen entidad individual como piezas aisladas pero que refuerzan su identidad cuando las vemos sucesivamente. Cada fotografía escogida para la actual exposición en la galería H2O forma parte de un gran rompecabezas que incluye imágenes recientes y otras mas antiguas, pero encajadas de forma que nos permite hacer una lectura lineal de su tesis de trabajo. Las diferentes fotografías seleccionadas, con la inclusión de otros elementos (un espejo, proyecciones de video) en un montaje sencillo pero muy efectivo, atrae al espectador entre la curiosidad y la complicidad, y le permite reconstruir con sus claves personales, el mundo que el artista ha edificado. La primera cosa que llama la atención en este trabajo de César Ordóñez es el formato de obras que expone. 120 x 85 cm es el máximo que utiliza, reservado para las imágenes que probablemente actuaron como catalizadores de la muestra. También hay medidas intermedias (entre 70 x 46 cm y 40 x 50 cm), y medidas menores como 24 x 30 cm. En una época en la cual los fotógrafos utilizan formatos gigantes, formatos que producen "Oh!" en el observador, se agradece la proximidad de las cosas pequeñas, proximidad que invita al espectador a acercarse, a mirar. Claro que ahora nos podríamos preguntar porque ha escogido César Ordóñez la fotografía como técnica de trabajo artístico. Y porqué en ocasiones hace fotografías en color y otras en blanco y negro. César Ordóñez utiliza la cámara como si fuera un bisturí. O como un entomólogo que con pinzas situa en el insectario los ejemplares capturados. La cámara le permite ganar distancia y –solo aparentemente– mantenerse al margen de la realidad que fotografía, pero la realidad influye en el artista y el artista, podríamos hablar de una especie de principio de indeterminación –con permiso de Heisenberg– cambia el rumbo de aquello que ha fotografiado. "Kagami" supone una ampliación de las posibilidades plásticas y técnicas de César Ordóñez, permitiendo a su todavía poco conocida obra ganar peso y voz, sin hacerlo con gravedad o abrumando al espectador. Explorando nuevos temas y técnicas, su trabajo se abre a la videocreación –aunque en estos momentos es todavía subsidiaria de la fotografía– con posibilidades ricas e imaginativas. Asimismo, creo que tendrá que seguir investigando en la fotografía de paisajes urbanos, donde por ahora ha abierto una brecha muy estimulante. Todo el mundo quiere ser feliz, pero pocos lo consiguen. En la búsqueda constante de la felicidad cambiamos de un amigo a otro, de trabajo, de país, de ciudad. Aprendemos a jugar a pádel, o intentamos mejorar nuestro nivel de inglés, tenemos hijos, plantamos un árbol y redactamos poemas utilizando la palabra pez, la palabra reflejo y la expresión “jardín solitario”. César Ordóñez se limita a hacer fotografías de alejados sitios silenciosos, nosotros, cuando las miramos decimos la palabra pez, la palabra reflejo, la expresión “jardín solitario”. Màrius Domingo

Quand

3 juin 2010→ 3 juillet 2010 · Galeria H2O