Exposition

Foto-Graffiando '98/2003'

Galeria H2O · Barcelona · 8 janvier 2004 · Passés

FOTO - GRAFFIANDO Decir graffiti es como hablar de todo y de nada. Es referirse a una de las prácticas más antiguas de la humanidad y a la vez de lo que parece más del momento, de lo último. De una forma de expresión que va de lo más ingenuo y espontáneo —como la firma de uno o los nombres de una pareja— a lo más cool —como cuando a alguien se le ocurrió colgar a un graffitero en una galería de arte o en un museo—. Algo parecido y paralelo al fenómeno anunciado de la moda de los tatuajes o del piercing en las sociedades occidentales. Pero dejando de lado el aspecto más cutre y seguramente más auténtico hay una razón lógica en la conversión de esas antiguas prácticas subterráneas en fenómenos de masas de nuestros días: su vocación mal asumida de espectáculo. Mal asumida porque todo tiene un precio y en este caso consiste en que, al emerger como iconos del tiempo, las acciones efímeras y secretas se contaminan al constituirse en sistema. Sistemas cerrados, de grupúsculos o de iniciados tal vez. Pero sistemas. Y ello aunque, y como en casi todos los asuntos de este tipo, los que se sienten protagonistas y elevan la voz lo nieguen retóricamente. ¡Faltaría más! En el fondo no dejan de ser practicantes románticos. En paralelo el fotógrafo de alguna manera suele buscar el aspecto espectacular de la imagen. Y lo encuentra también en lo que podemos llamar ya el sistema graffitero. Ese que es objeto de publicaciones y medios especializados y también de las que no lo son, como los dominicales, los semanarios o los documentales. Todo un sistema. Y piramidal. O sea, el fotógrafo sale a documentar la vida en general, pero sabe que tiene que acabar documentando de forma espectacular. Es la tendencia. Somos humanos. Y la tendencia acaba marcando más tendencia. Ni breve, ni larga, aleatoria como la moda. El graffiti moderno ya no es popular, como antaño, sino que como los tatuajes o los piercing, simplemente, se ha popularizado, se ha extendido. Con todo, el término todavía es tan amplio y admite tantas posibilidadades expresivas que todavía respira. Cuando Alberto Scholz empezó a fotografiar el mundo graffitero se encontró ante una inmensidad inabarcable. Retrató fragmentos, pero no acababan de constituir un puzzle. No registraban la idea de sistema. Había una cuestión de técnica propiamente fotográfica, pero sobre todo había una mirada que se percibía como externa a lo documentado, como la de alguien que anda por ahí. Como de alguien que forma parte del espectáculo como público privilegiado —con el poder que da tener allá una cámara que será el puente para el público general—, pero sin ningún privilegio más. Pero lo que Alberto Scholz buscaba no era documentar, sino FOTO – GRAFFIAR —graffitear con su cámara, con su ojo—. No quería estar fuera. Y ahí está su reciente secuencia de metro con los vagones parados por el bloqueo de las puertas que produce el tirar de la alarma al entrar en la estación. Todo calculado. Los minutos justos que se necesitan para graffitear y FOTO – GRAFFIAR afuera, desde el andén. En esas fotos él forma parte de la acción. Su técnica está totalmente controlada por una intención muy pensada. Y lo que consigue es meternos a los demás con él. Arrastrarnos. Y con una técnica de doble dirección muy efectiva, porque lo que ha conseguido es hablar tanto de cómo se pinta un convoy en BCN en 2003 como, a su vez, del mecanismo de funcionamiento de esa forma tipificada de acción universal. Jq. Ruiz Millet, BCN, junio 2003

Le lieu

Galeria H2O
Barcelona

Quand

8 janvier 2004→ 30 janvier 2004 · Galeria H2O